Cirugía en la enfermedad de Crohn: Lo que debes saber
La enfermedad de Crohn es una enfermedad inflamatoria crónica del intestino que puede afectar a cualquier parte del aparato digestivo. Aunque muchas personas pueden controlar la enfermedad con medicación durante años, una proporción significativa de pacientes necesitará una intervención quirúrgica en algún momento de su vida.
¿Cuál es la necesidad real de cirugía en la enfermedad de Crohn?
La cirugía es una parte importante del tratamiento de la enfermedad de Crohn.
Durante muchos años, la cirugía se consideraba el “último recurso”, una opción a la que solo se llegaba cuando todo lo demás había fallado. Sin embargo, en la actualidad esta visión ha cambiado. Hoy sabemos que la cirugía no es un fracaso, sino una herramienta más que, utilizada en el momento adecuado, puede mejorar significativamente la evolución de la enfermedad y la calidad de vida del paciente.
¿Cuándo y por qué debemos operar a un paciente con enfermedad de Crohn?
La cirugía se plantea cuando la enfermedad provoca complicaciones o cuando los tratamientos farmacológicos no consiguen controlar la inflamación.
Las situaciones más frecuentes son (Figura 1):

Figura 1. Indicaciones de cirugía en la enfermedad de Crohn.
Es importante entender que, en algunos casos, retrasar la cirugía cuando los fármacos ya no funcionan no es una opción conservadora. Al contrario, puede aumentar el riesgo de complicaciones, hacer que la intervención sea más compleja y obligar a realizar cirugías urgentes, que conllevan más riesgos. Por eso, actualmente se tiende a valorar la cirugía de forma más precoz en determinados pacientes.
El tipo de cirugía depende de cada situación. La intervención más habitual consiste en eliminar el segmento de intestino afectado y volver a unir las partes sanas. En otros casos, especialmente cuando hay estrechamientos, se puede realizar una técnica llamada estricturoplastia, que permite ensanchar el intestino sin necesidad de extirparlo. En el caso de las fístulas o los abscesos, pueden ser necesarias cirugías específicas para drenarlos o repararlos. Siempre que es posible, se utilizan técnicas mínimamente invasivas, como la laparoscopia, y se intenta conservar la mayor cantidad de intestino (Figura 2).

Figura 2. Tipos de cirugía y técnicas en enfermedad de Crohn.
En los últimos años también se ha avanzado en la comprensión de estructuras como el mesenterio, el tejido que rodea el intestino. Se ha visto que puede tener un papel importante en la inflamación y en la reaparición de la enfermedad, lo que ha llevado a modificar algunas técnicas quirúrgicas con el objetivo de reducir el riesgo de recaída.
¿Es curativa la cirugía?
La cirugía no cura la enfermedad de Crohn. Aunque permite eliminar la parte del intestino afectada y mejorar los síntomas, la enfermedad puede reaparecer con el tiempo, sobre todo en la zona operada. Por eso, la cirugía debe entenderse como una parte del tratamiento global, no como una solución definitiva.
¿Es necesario tratamiento después de la cirugía?
Tras la intervención, muchos pacientes experimentan una mejora importante de los síntomas y de su calidad de vida. Sin embargo, existe un riesgo de recurrencia; es decir, que la enfermedad vuelva a aparecer, por lo que en la mayoría de los casos se recomienda continuar con el tratamiento farmacológico para prevenir que la enfermedad vuelva a activarse. Este tratamiento puede incluir inmunosupresores o fármacos biológicos, y se adapta a cada paciente en función de su riesgo.
Las fístulas perianales merecen una mención especial. En estos casos, el tratamiento únicamente con fármacos suele ser insuficiente. La mejor estrategia suele combinar tratamiento farmacológico y cirugía, ya que esta permite cerrar el trayecto interno de la fístula y aumentar las probabilidades de curación duradera.
Uno de los temores más frecuentes de los pacientes es la posibilidad de perder una gran cantidad de intestino. Sin embargo, en la práctica actual esto es poco habitual. Los cirujanos priorizan la conservación intestinal y utilizan técnicas que permiten evitar resecciones siempre que sea posible. El síndrome de intestino corto es poco frecuente y suele relacionarse más con cirugías repetidas o complicaciones que con la enfermedad en sí.
Dejar de fumar es uno de los factores más importantes para reducir el riesgo de reaparición de la enfermedad de Crohn tras la cirugía. Está demostrado que los pacientes que continúan fumando tienen una mayor probabilidad de recaída, de necesitar nuevos tratamientos e, incluso, de requerir nuevas intervenciones quirúrgicas en comparación con los no fumadores. El tabaco favorece la inflamación intestinal y dificulta la cicatrización, por lo que abandonar este hábito es una de las medidas más eficaces para mejorar la evolución de la enfermedad a largo plazo. Por ello, se recomienda firmemente dejar de fumar antes de la cirugía y mantener la abstinencia posteriormente.

¿Qué seguimiento hay que hacer después de la cirugía?
Después de la cirugía, el seguimiento es fundamental, incluso si el paciente se encuentra bien. Este seguimiento incluye visitas médicas periódicas, análisis de sangre, determinación de calprotectina en heces y, en muchos casos, una colonoscopia a los 6–12 meses de la cirugía. Esto permite detectar la reaparición de la enfermedad antes de que produzca síntomas y actuar de forma precoz. Una vez realizada esta primera colonoscopia tras la cirugía, si no hay recurrencia se siguen controles en consulta y si en algún momento se eleva la calprotectina o el paciente presenta síntomas, quizá será necesario realizar una nueva colonoscopia.
El seguimiento es fundamental, incluso si el paciente se encuentra bien. Esto se debe a que la enfermedad puede reaparecer antes de dar síntomas.

Antes de la cirugía….
En cuanto a la medicación, antes de la cirugía se intenta reducir los corticoides porque pueden aumentar el riesgo de complicaciones. Los inmunosupresores suelen mantenerse y, en el caso de los fármacos biológicos, la decisión de suspenderlos o no se adapta a cada paciente. Tras la cirugía, en muchos casos se reinicia o inicia tratamiento médico de forma precoz para prevenir recaídas. Estas decisiones se toman de manera individualizada y coordinada entre el especialista en digestivo y el cirujano.
Por otro lado, es muy importante revisar el estado nutricional antes de la cirugía y asegurar que el paciente no presenta ningún déficit vitamínico o bien anemia. En algún caso se administra nutrición enteral para llegar en mejores condiciones a la cirugía.
¿Se puede prevenir la reservoritis?
No siempre puede prevenirse, pero sí existen medidas que ayudan a reducir el riesgo:
- Seguimiento médico: Es importante acudir a las revisiones programadas con digestivo y cirugía.
- Evitar antiinflamatorios no esteroideos: Medicamentos como ibuprofeno, dexketoprofeno o naproxeno pueden favorecer la inflamación en algunos pacientes.
- Probióticos: En algunos casos, determinados probióticos pueden ayudar a prevenir recaídas, especialmente tras episodios previos de reservoritis.
- Tratamiento precoz: Ante síntomas sugestivos, es importante consultar pronto para iniciar tratamiento, inicialmente antibióticos, pero hay pacientes que pueden necesitar biológicos o moléculas pequeñas.
¿Cuándo hay que operar la colitis ulcerosa?
La nutrición es clave antes y después de la cirugía.
Antes de la cirugía
Es importante llegar en el mejor estado nutricional posible y, en lo posible, evitar el uso de corticoides. Se valoran:
- Peso
- Masa muscular
- Albúmina
- Anemia
- Déficit de hierro, vitamina B12, folato y vitamina D
Hay diferentes opciones de soporte nutricional:
- Nutrición oral: dieta adaptada mediante asesoramiento experto y suplementos nutricionales si es necesario.
- Nutrición enteral: alimentación con fórmulas completas que usa el intestino, puede ser por boca o mediante sonda, y se realiza cuando la desnutrición es grave
- Nutrición parenteral: se administra directamente por vena, sin usar el aparato digestivo, cuando no es posible o es insuficiente la nutrición enteral
Habitualmente, previamente a la intervención se iniciará dieta líquida y se realizará una preparación intestinal similar a la que se realiza durante las colonoscopias.
Después de la cirugía
Tras una ostomía o un reservorio puede haber:
- Más pérdidas de líquidos
- Pérdida de sales minerales
- Deposiciones más frecuentes
Por ello es importante:
- Hidratación: Beber suficiente agua y, en algunos casos, soluciones con sales.
- Dieta progresiva: Alimentación por boca lo antes posible. Inicialmente dieta baja en residuos y posteriormente reintroducción gradual.
- Vigilar alimentos que aumenten las deposiciones, como por ejemplo café, alcohol, comidas muy grasas o picantes.
- Control de déficits: Se monitorizan hierro, vitamina B12, ácido fólico y vitamina D.
En resumen, la cirugía en la enfermedad de Crohn es frecuente y, en muchos casos, necesaria. Ya no debe entenderse como el último recurso, sino como una parte más del tratamiento. Aunque no cura la enfermedad, puede mejorar significativamente los síntomas y la calidad de vida. El éxito a largo plazo depende de un buen seguimiento y de la combinación adecuada entre cirugía y tratamiento médico. Este seguimiento permite detectar la enfermedad de forma precoz y actuar antes de que reaparezcan los síntomas.
1. Meima-van Praag EM, et al. Surgical management of Crohn’s disease: a state of the art review. Int J Colorectal Dis. 2021 May;36(5):1133-1145. doi: 10.1007/s00384-021-03857-2.
2. Adamina M, et al. ECCO Guidelines on Therapeutics in Crohn’s Disease: Surgical Treatment. J Crohns Colitis. 2024 Oct;18(10):1556-1582. doi: 10.1093/ecco-jcc/jjae089.